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domingo, 29 de mayo de 2011

Tres Rebeliones en el Movimiento PreIndependentista en Venezuela

Venezuela - Movimientos precursores de la Independencia en Venezuela

Desde la llegada de los europeos se mantuvo una resistencia por parte de la población indígena, pero ésta fue reducida casi a cero durante los siglos XVI y XVII por los terribles métodos de conquista utilizados. Pero la explotación produce su contraparte y comenzaron a producirse motines, asonadas, rebeldías e insurrecciones de parte de los diferentes grupos étnicos y clases sociales que se generaron dentro del sistema.
Estos movimientos se debieron a causas económicas, políticas y sociales, como el cobro de altos impuestos, la limitación al acceso a altos cargos en la administración colonial, la desigual social, la carencia de tierras entre otras; lo que produjo unas profundas expresiones rebeldes entre los esclavos, indios y blancos criollos. Algunos movimiento que se destacan: La rebelión del Negro Miguel en las minas de San Felipe de Buría (1553), La rebelión del negro Andresote (1733), La rebelión de San Felipe El Fuerte (1741), La rebelión del Tocuyo (1744), La insurrección de Juan Francisco de León (1749), La revuelta de los Comuneros de los Andes (1781), La rebelión de José Leonardo Chirinos y José Caridad González (1795), La conspiración de Gual, España y Picornell (1797), La sublevación de Maracaibo (1799) y la invasión libertaria Francisco Miranda (1806).

La Rebelión del Negro Miguel

            Cuenta la Historia que El Negro Miguel, se acaudilló en 1533 en las minas de Buría y su región, es considerada como la primera rebelión de negros en la historia de Venezuela.
Durante el gobierno de Juan de Villegas Maldonado, a mediados del siglo XVI, se intensificó la necesidad de adquirir mano de obra esclava, tras el descubrimiento por parte de Damián del Barrio de una importante veta de oro en las márgenes del río Buría, cerca de la ciudad Nueva Segovia de Barquisimeto, fundada en 1552 por Villegas. El descubrimiento de estas minas causó una gran conmoción en la población de la ciudad de El Tocuyo (fundada en 1545), pues revivió la idea del antiguo y enigmático Dorado. En tal sentido, muchos vecinos motivados con la posibilidad de enriquecerse, organizaron y llevaron sus esclavos, mineros o agricultores, hacia la nueva veta. A fines de 1552 son trasladados a la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, 80 esclavos negros para dedicarlos al trabajo en las minas, surgiendo así el Real de Minas de San Felipe de Buría (cerca de Nirgua, en el actual estado Yaracuy).
Entre los esclavos que llegaron al Real de Minas de San Felipe de Buría, figuraba uno oriundo de San Juan Puerto Rico, el cual se distinguía por su rebeldía y arrojo, el Negro Miguel, quien era propiedad de Pedro del Barrío, hijo de Damián del Barrío. Dado su carácter indomable, en 1553 Miguel huyó con unos compañeros a las montañas, desde donde preparó un ataque al Real de Minas, resultando muertos varios mineros en medios de la oscuridad de la noche. A partir de este exitoso asalto, el Negro Miguel se hizo fuerte en las montañas y su fama crecía día a día, siendo seguido por indios y negros levantiscos con los cuales lo que consideró como su reino, pues el mismo se nombró rey y a su mujer, Guiomar, la hizo coronar como reina. Asimismo, su pequeño fue reconocido por todos como su heredero. También nombró obispo a uno de sus compañeros y conformó una comunidad a semejanza de los pueblos de los españoles, con sus autoridades y empleados. Con el tiempo el Negro Miguel y sus seguidores se convirtieron en un azote para la región y su presencia comenzó a trastornar las tareas de explotación de las minas.
En ocasión de una ataque del Negro Miguel a la recién fundada ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, la misma fue defendida valerosamente por sus pobladores capitaneados por Diego García Paredes y Diego Fernández de Serpa, junto a un refuerzo que llegó de la ciudad de El Tocuyo, dirigido por Diego de Losada y Diego de Ortega. En definitiva, el asalto del Negro Miguel quien fue asesinado a Barquisimeto fue rechazado y sus seguidores fueron perseguidos y nuevamente reducidos a la esclavitud. Según el testimonio de capitán Diego de Ortega, uno de los jefes de las fuerzas de El Tocuyo, fue García Paredes el que mató al rey Miguel.

Rebelión de Andresote (Andrés López del Rosario)


Juan Andrés López del Rosario, conocido como Andresote, era un zambo rudo y valiente en la práctica de guerrillas volantes, que mantuvo en consternación a los españoles durante los tres primeros años de la tercera década del siglo xviii. Andresote era un verdadero dirigente popular en la amplia zona comprendida entre los ríos Tocuyo, Aroa y Yaracuy.
En jurisdicción de lo que hoy forma el Distrito Mora, este "negro café con leche" logró sublevar los cuatro cumbres enmarcados en el territorio que señalamos anteriormente. Según refiere el doctor Manuel Vicente Magallanes en su obra Aspectos Históricos del Estado Falcón, Andresote sublevó a los loangos libres que formaban una numerosa colonia de refugiados de Curazao, que habitaban las márgenes de los ríos Tocuyo y Aroa; a los negros que se encontraban entre el Aroa y el camino de San Nicolás y el río Yaracuy; y a los que poblaban el sector que va desde el río Yaracuy hasta Taria.
            El Zambo Andresote, según el historiador falconiano, no actuaba por su propio interés, sino que era instrumento de hacendados y comerciantes de la región de Morón, como también de contrabandistas holandeses, con los cuales mantenía permanentemente relaciones; interesados éstos en mantener el comercio clandestino que trataban de exterminar los agentes guipuzcoanos.
          Para Manuel Vicente Magallanes, cualquiera que fuese la razón del levantamiento del Zambo, lo cierto era que Andresote se había convertido en el azote de la zona de Morón y tenía en constante estado de agitación a las peonadas. En esta descabellada empresa, no sólo negros acom­pañaban al dirigente de esta rebelión sino numerosos indios, arrastrados en esta aventura por el señuelo de una vida mejor.
La rebelión que se produjo entre 1731 y 1733 en la región de Yaracuy debido a las medidas decretadas por la Compañía Guipuzcoana de Caracas para erradicar el contrabando con Curaçao será liderada por el zambo Andresote. La revuelta contó con el apoyo de los holandeses y recibió diversas muestras de adhesión de gentes de la provincia, especialmente de la nobleza comercial. Sin embargo, el movimiento acabó siendo sofocado, iniciándose después una dura represión.
Movimiento armado que estalla en 1.731 contra la Compañía Guipuzcoana, liderado por Andrés López del Rosario, conocido como el zambo Andresote. La rebelión tuvo por escenario la región del Yaracuy, especialmente la zona donde desemboca el río de ese nombre y las costas de Puerto Cabello y Tucacas.
En 1.728, se creó la compañía, la cual en cierto modo subrogó el monopolio comercial que era privativo de España, y el rígido control que estableció dio por resultado la reacción de los criollos quienes se veían privados de ciertos privilegios.
Por otra parte, la compañía combatió severamente el contrabando que desde varias décadas atrás se llevaba a cabo con Curazao, intercambiando cacao y tabaco por productos manufacturados europeos.
Andresote, en los valles del Yaracuy, era instrumento de los productores y cosecheros criollos para burlar la vigilancia de las autoridades y lograr la salida de los frutos al exterior.
En septiembre de 1.731, ya la gobernación de Venezuela estaba conmovida por la acción de Andresote, por lo que Pedro José de Olavarriaga, juez pesquisador y director general de la compañía, inició averiguaciones y diligencias para capturarlo.
El zambo se declaró en rebelión abierta contra las autoridades provinciales y contra la Compañía Guipuzcoana, a la cabeza de muchos indios, mestizos, mulatos y negros cimarrones, armados de picas y de flechería, así como armas de fuego y blancas.
Comete graves insultos, robos y asesinatos, todo a fin de mantener el contrabando con los extranjeros.
El gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela Sebastián García de La Torre, desde Caracas, mueve la maquinaria guerrera y envía en primer lugar a Luis López de Altamirano a combatir a Andresote.
Luego lo seguirán Luis Lovera, Juan Romualdo de Guevara y otros, sin lograr someterlo.
Una expedición al mando de Juan Manzaneda, quien tenía como segundo a Juan Ángel de Larrea, persigue al zambo y sus hombres por las montañas de Guabinas, “... país lóbrego, y para nosotros melancólico, montuoso, pendiente, suelo de piedras que cortaban los pies...”
Andresote los derrota y los obliga a retirarse.
Ante ese hecho, el gobernador asume personalmente la dirección de las operaciones y se encamina hacia Yaracuy.
El 11 de febrero de 1.732 ya estaba en el lugar de los hechos el gobernador y capitán general de la provincia de Venezuela Sebastián García de La Torre, Andresote no le dio el frente, por la superioridad ofensiva de su perseguidor.
Este trató de localizar al zambo en diversos puntos, y supo que ante la presencia de la expedición había huido por el río Yaracuy y embarcado en el puerto de Chichiriviche en una nave holandesa, rumbo a Curazao, donde murió algún tiempo después.
En agosto de 1.732 el obispo de Caracas, José Félix Valverde, confió la misión de pacificar los ánimos de los negros cimarrones, a los sacerdotes capuchinos Tomás de Pons y Salvador de Cádiz.
El gobernador García de la Torre ofreció un indulto a los rebeldes que entregasen sus armas al teniente de justicia de Nirgua y luego siguiesen a Caracas a los 2 capuchinos.
            La predicación tuvo éxito.
            Entre noviembre y diciembre de 1.732, se entregaron más de 160 rebeldes.
            Al llegar a Turmero se informaron de que en Caracas no se les mantendría la promesa del indulto.
            Fray Tomás de Pons decidió marchar hacia el Orinoco, y la mayoría le acompañó hasta Parmana en febrero de 1.733.
Una vez allí, una parte de los rebeldes huyó; el resto, entre quienes había hombres libres y esclavos, se quedó con el padre Pons, quien en abril de ese mismo año se trasladó a Caracas para pedir a las autoridades que les dejasen tranquilos.
Este movimiento de Andresote no puede considerarse como de tipo independentista, pero sirvió, como otros tantos ocurridos en Venezuela, para formar “cumbes” o “rochelas” que dieron origen a una serie de poblaciones en la región. 
 
El Comercio en el Valle del Yaracuy

La Región del Yaracuy estuvo poblada en tiempos prehispánicos por tribus de caquetíos, nivares, cayones y jirajaras. Con la colonización española, sus primeros pobladores estaban entre los castellanos, belzares, canarios, vascos y el hombre africano como componente de la mano de obra esclava; ellos determinaron la vida social de esta región. Asimismo las misiones ocuparon una parte importante en el crecimiento económico del Valle. Entre las más importantes destaca la misión de San Francisco Javier de Aguas Culebras, del religioso franciscano Fray Marcelino de San Vicente, y hacia finales del siglo XVII un grupo de blancos peninsulares, canarios y pardos se destacaban como miembros del vecindario de los Cerritos de Cocorote. Ellos practicaban el contrabando del cacao con los holandeses que se acercaban a las costas caribeñas... "con embarcaciones de poco calado que llegaban al desaparecido puerto fluvial de los cañizos". El mencionado grupo tuvo que soportar las duras represalias del cabil­do de la ciudad de Nueva Segovia de Barquisimeto, cuyos miembros entorpecían sus transacciones mercantiles mediante la destrucción de los caminos, incendio de las casas y cultivos, lo que condujo a la búsqueda de otra vía para realizar el comercio, de allí que se desplazaran por las veredas selváticas de la costa, para hacer transacciones con holandeses, en franco contrabando de cacao y tabaco.
Fray Marcelino de San Vicente, denunció la situación al Gobernador Portales y Meneses, quien las dio a conocer en la Corte de Felipe V, dando lugar a una Real Cédula el 6 de noviembre de 1729, en la que se autorizaba la separación del pueblo de los Cerritos de Cocorote de Nueva Segovia de Barquisimeto, y la elevación de aquél, al rango de ciudad, con jurisdicción del vasto Valle hasta la desem­bocadura del río Yaracuy; su nombre luego lo cambiarían sus pobla­dores por el de San Felipe el Fuerte, su primer Justicia Mayor será Don Juan de Larrea.
Con respecto a la vinculación del Valle de Yaracuy y su actividad de contrabando, Ramón Aizpurúa, presenta a esta región como de fácil acceso, cercano a los centros urbanos, sin graves problemas de comunicación, en las que fácilmente se podía llegar a Coro y desde el interior se podía hacer co­nexión con Barquisimeto y El Tocuyo; también destaca su cercanía a la costa, y la formación de varios puertos que según la condiciones de los vientos sería de gran ayuda para recibir a los navíos, ya que la persistencia de los alisios durante todo el año era ideal para la navegación:
los alisios predominantes, dejaban o recogían las embarcaciones que, ya cerca de la costa, utilizaban las brisas para acercarse o alejarse, según fuese el caso, durante la noche o el día, siendo ésta una situación ideal para el comercio, especialmente el furtivo".
Además, destaca el predominio de Curazao como centro comer­cial, por su privilegiada posición geográfica en el Caribe, colocando al comercio de las costas en una dinámica interna y externa.
Hemos explicado brevemente la geografía del Valle del Yaracuy como factor fundamental que conlleva al comercio ilícito; ahora señalaremos sus principales cultivos, enfatizando en el más importante para la época: el cacao.
El cultivo de éste en el valle del Yaracuy, se fue diseminando paulatinamente desde la misión San Francisco Javier, extendiéndose por los campos de Cocorote, Guama, Chivacoa, Cuara, Urariche hasta Yaritagua. En este marco, Chivacoa y San Felipe alcanzaron mayor producción en cultivo de caña de azúcar y la introducción del ganado vacuno, cerdos y aves de corral asimismo; por su parte, el Valle de Termela contaba con una buena producción de cacao, caña, tabaco y maíz. Los pueblos de Yaritagua, Urariche, Cuara y Chivacoa hacían transacciones comerciales con la jurisdicción de Barquisimeto, pero una vez instalada la Factoría de San Felipe por la Guipuzcoana, debieron hacerla con ésta. En Aroa el cultivo del cacao también ocupó un lugar importante, mientras que otros cultivos como las siembras de plátano, cambures, aguacates y naranjas agrias y dulces eran importantes pero en menor grado.
El cacao de esta región fue considerado como uno de los mejores de la Provincia de Venezuela, logrando un gran rendimiento fiscal, por los impuestos de salida de cuatro pesetas por cada guía de fruto, creado por el Gobernador Larrea. Además del cultivo del cacao, en el Valle del Yaracuy, también se establecieron pulperías y tiendas pertenecientes a los pardos libres; asimismo, formaron un mercado donde expendían carne de ganado vacuno y de cerdo; ganado que provenía de los Llanos. En años posteriores a nuestro estudio, se conoce del cultivo del tabaco, pero solamente para el consumo local. En tiempos de la Compañía Guipuzcoana, ésta suministraba los elementos para el abastecimiento de la región.
Así se establecía la vida económica de esta región, en una sociedad estratificada bajo los privilegios, según el color de piel y sus posibilidades económicas.

Levantamiento de Juan Andrés López del Rosario


La importancia de estudiar la rebelión del zambo Andrés López del Rosario, en el Valle del Yaracuy entre los años de 1730-1733, radica en que fue la primera protesta que se levantó en contra de los controles dispuestos por la Real Compañía Guipuzcoana, establecida en la Provincia de Venezuela en 1728.
En este contexto Juan Andrés López de Rosario, zambo descendiente de africanos, se convirtió en la persona que luchaba por los intereses de quienes estaban involucrados en el comercio ilícito, razón por la cual tuvo el apoyo de negros cimarrones, indios y comerciantes holandeses.
Es importante señalar que esta rebelión estuvo sujeta a varios elementos convergentes que dieron lugar a situaciones conflictivas; estos elementos son: el auge de los cultivos del cacao; segundo el establecimiento de la Compañía Guipuzcoana en la Provincia de Venezuela; y tercero la elevación del pueblo al rango de ciudad, lo que contribuyó para la instalación de una Factoría de la Compañía en esta región, lo cual implicaba un cambio en el desenvolvimiento de la vida económica, política y social de la región.
El establecimiento de la referida Compañía en dicha Provincia, trajo consigo una práctica de represión, especialmente para enfrentar a los contrabandistas curazoleños, buscando evitar la entrada y salida de las embarcaciones provenientes de Curazao en la Costa de Venezuela, lo que implicaba un control riguroso en dichas costas, cuestión que los contrabandistas de Curazao, trataban de esquivar convenciendo a los Factores con mercancías más barata.
Tenemos clara la posición de la Guipuzcoana; ahora veremos cuál fue la respuesta de los involucrados en acciones de contrabando, ante los controles de la corona para recuperar su Hacienda.
Para el momento de nuestro estudio les correspondió la Gobernación de la Provincia de Venezuela al Coronel de Infantería Don Sebastián García de La Torre (1730-732) y a Martín de Lardizábal (1732-1737); mientras que el Juez Pesquisador Joseph de Olavarriaga estará como Director general de la Compañía vasca.
Joseph de Olavarriaga en 1731 inicia las acusaciones contra el zambo Andrés a quien no sólo acusaban de contrabandista sino de asesino, salteador, traidor y homicida; pero la persecución en su contra la determina el cargo de contrabando de uno de los frutos más importantes para la Corona española como el ya referido cacao. Como señalamos anteriormente, Andresote estaba apoyado por un gran número de indios y negros cimarro­nes, quienes según Felice Cardot, estaban provistos de flechas y armas de fuego para insultar, robar, asesinar y continuar su comercio furtivo, con la ayuda de holandeses armados.
A causa de la denuncia realizada por Olavarriaga en 1731, Juan Andrés fue sorprendido en el río Yaracuy, con armas de fuego y varios acompañantes; él mismo comenzó a insultar a aquéllos que le perseguían y amenazó con destruir los depósitos de Puerto Cabello. Esta acción de Andresote condujo a las autoridades a tomar una medida incoherente, como fue la prohibición de navegación por el río Yaracuy, lo que evidenciaba cierta incapacidad para apresarlo; claro éste era apoyado y protegido por diferentes grupos que intentaban fortalecer su movimiento.
El río Yaracuy se convirtió en el principal escenario de la rebelión de Andresote, quien era gran conocedor de esta vía fluvial. En otro encuentro sostenido el 30 de julio de 1731, las autoridades es­pañolas no lograron capturarlo ... "sólo canoas con mercaderías pudieron capturar, y esto a costa de pérdidas de hombres y materiales de guerra y la pena moral de Arias Altamirano", y comprendieron que el apoyo de los vecinos y la relación de favores que mantenía con éstos, vendién­doles sus cargas a los holandeses, era el factor que tenían en su con­tra, además de las condiciones geográficas favorables para quien las conociera, pero no para las autoridades reales.
Tras este fracaso, el Gobernador García La Torre, motivado por los autos que le hace de su conocimiento Olavarriaga, delega el 8 de octubre de 1731 a Juan Manzaneda para que inicie otra persecución contra Andresote. Una vez en San Felipe, Manzaneda comienza su labor dirigida a la aprehensión del cabecilla de la rebelión, con interrogatorios a los testigos de los hechos. Según lo descrito por Felice Cardot, de las respuestas dadas, se concluye que Juan Andrés era conocido en los parajes de Cabría y Taría, que reside en Riecito, esclavo de un hombre en Valencia, además de ser el responsable de toda clase de fechorías que cometía antes del establecimiento de la Compañía Guipuzcoana y de ser opositor de los ministros de justi­cia y que continuamente amenazaba con destruir todas las propie­dades de la compañía vasca.
Ante el temor de las autoridades españolas por la propagación de los conflictos, Juan Manzaneda, enviado del Gobernador La Torre, decidió publicar un bando el 21 de enero de 1732, en el que ofrecía 600 pesos a la persona que asesinara al cabecilla de la rebelión, además de la libertad, si se trataba de un esclavo, y si tuviere delitos, sería libre de toda culpa. Pero esto fue infructuoso, por lo que Manzaneda trató de dete­nerlo él mismo, dirigiéndose hasta el cerro de Guabimas con algunos acompañantes; sin embargo, lo que se produjo fue un violento enfrentamiento con la gente de Andresote; ante la furia de aquel grupo, se vio obligado a retirarse hasta San Felipe, padeciendo otra derrota ante la sublevación.
El Gobernador García La Torre se movilizó con la noticia de este nuevo fracaso, dirigiéndose hasta el escenario de los acontecimientos. En febrero de 1732 ya estaba en San Felipe, pero Andresote se ausentó refugiándose en una balandra holandesa en Chichiriviche, por lo que la estadía del Gobernador en la región tampoco fue satisfactoria. Despla­zado Manzaneda de su cargo, fue nombrado Juan de Fuentes, quien tenía órdenes de incendiar todas las plantaciones y casas de los rebeldes, orden ejecutada el 19 de marzo de 1732.
El apoyo procedente de los holandeses de Curazao provocó una acu­sación por parte del Gobernador, en la cual les acusaba de pagar armas y otros efectos en ayuda de la rebelión; además pedía la restitución del cacao adquirido ilícitamente en las costas de la Provincia de Venezuela, así como la entrega de Andresote, quien estaba refugiado en una de sus balandras.
García La Torre regresa a Caracas. Tras intentos fallidos para aprehen­der a Juan Andrés, solamente se logró capturar a algunos de sus compañeros, incluyendo a su hermano Joseph Francisco, pero seguía el nombre de Andresote incitando al levantamiento en contra de la Guipuzcoana.

La Pacificación en el Valle de Yaracuy

A finales de 1732, la persecución contra Andresote y sus acompañantes contó con otro elemento, en el cual se cambiaron las ar­mas de guerra por las armas espirituales, ya que el Obispo Don José Félix de Valverde, en unión de los capuchinos, buscará la pacifica­ción y reducción (11) de la rebelión del Valle del Yaracuy mediante la conversión de los rebeldes a los principios cristianos de la obe­diencia. Esta es una clara acción que demuestra la influencia de la Iglesia Católica en la sociedad colonial bajo la dicotomía Iglesia-Estado.
Según los testimonios señalados por el Dr. Felice Cardot, esta acción espiritual del Obispo Valverde obtuvo resultados satisfactorios, ya que a través de su prédica logró convencer a dichos rebeldes, bajo la promesa de un indulto si se entregaban:
"Todo el Valle del Yaracuy estaba limpio de gente y se redujeron 168 personas, de las cuales 133 eran levanta­dos y negros cimarrones, 22 mujeres y 3 niños (...). El 12 de noviembre el guanareño Juan Agustín Pardo (...) se entregó con un grupo de sus compañeros, en total 21, entre indios, negros y pardos".
Diversas confusiones giraron en torno al cumplimiento del indulto ofrecido a los alzados, por el Gobernador La Torre, cuestión que desilusionó a algunos sacerdotes que lucharon por la pacificación; en vista de los rumores que corrían en cuanto al traslado de los amotinados para llevarlos a trabajar a un castillo en Puerto Cabello. Además se sumaban las acusaciones realizadas por Martín Madera de los Ríos, Contador de la Real Hacienda de Caracas, contra el Gobernador La Torre con imputaciones de diversos aspectos como, malversación de fondos de las cajas reales, ineptitud militar, trato ilícito del comercio del cacao y nepo­tismo, por lo que la Corona decidió nombrar a Martín de Lardizábal Juez Pesquisador con el añadido de algunos poderes especiales superio­res, inclusive a los del Gobernador y Capitán General.
Una vez que Martín de Lardizábal asume su cargo, promete cum­plir con el indulto ofrecido por su antecesor, pero se encuentra con la huida hacia las riberas del río Orinoco de Fray Tomás de Pons, seguido de los negros reducidos del levantamiento, todo ello por el temor del incumplimiento del referido indulto a favor de los amotinados. Huyó el Fraile hacia el Orinoco con más de 140 personas incluyendo mujeres y muchachos, armados con escopetas y pistolas; hombres esclavos que le seguían para escapar de su condición de vida, (14) libertad que alcanzaron tras escapárseles al propio Fraile en Parmana, sitio cercano al Orinoco, regresando éste solo a Caracas.
Así termina un episodio, donde la violencia y la sangre fueron los protagonistas. Mientras el Obispo Valverde y el Fraile Pons luchaban para que se cumpliera el indulto a los alzados, el Juez Pesquisador Martín de Lardizábal, desechaba toda propuesta y esta­ba firme en hacer castigar a todos los involucrados en la rebelión de Andresote. En cuanto a éste, según las fuentes consultadas, ya ha­bría fallecido a mediados de 1733, pero no se dan detalles de su muerte. Recordemos, sin embargo la huida que protagonizó y la pro­tección que obtuvo en una balandra holandesa. 

WILDA ROJAS
C.I. 5.876.438
UBV COM.SOC. 
1201N
29/05/2011 

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