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domingo, 29 de mayo de 2011

Rebelión de José Leonardo Chirinos, Conspiración de Gual y España y Las Invasiones de Miranda

La Rebelión de José Leonardo Chirinos


José Leonardo Chirino (Curimagua, Falcón, 25 de abril de 1754 Caracas, 10 de diciembre de 1796) fue un zambo revolucionario venezolano. Lideró una fallida insurrección en busca del establecimiento de la República en el país y la eliminación de la esclavitud. Aunque fue un hecho de carácter local, un levantamiento que obedeció a una situación específica, propia de las condiciones sociales generadas por la esclavitud, tuvo inspiración en las insurrecciones que tenían lugar en Santo Domingo y también en la Revolución francesa. El movimiento no se propagó más allá de una parte del occidente del país, pero logró provocar una seria alteración del orden colonial en Venezuela.
José Leonardo Chirino fue hijo único de una indígena libre y de un negro esclavo perteneciente a una familia criolla; es entonces, un zambo libre. Jornalero, cultiva la tierra en una hacienda propiedad de José Tellería. Se casó con una esclava llamada María de los Dolores con quien tuvo 3 hijos: María Bibiana, Rafael María y José Hilario. José Tellería, solía realizar viajes de negocios a las Antillas, y en más de una ocasión el zambo se embarca como acompañante. Parece que es en la isla de Santo Domingo, en territorio del actual Haití, donde el zambo establece un más intenso contacto con las ideas y la práctica revolucionaria que tuvieron su epicentro en Francia; la noticia del momento son los levantamientos de esclavos y las tendencias republicanas que pugnan por imponerse.
José Tellería se entera de tales convulsiones y la cuestión le preocupa; Chirino también está al tanto, pero esto, en lugar de preocuparlo, lo estimula: eso de libertad e igualdad tenía que estimular a alguien que jamás ha visto un movimiento similar en tierra firme. Asimismo, estableció contacto con el proceso que se vivía en Haití donde los negros esclavos se habían levantado contra los blancos y estaban luchando con éxito para obtener su libertad. De regreso a Venezuela se incorporó a un grupo de conjurados que se reunían en el trapiche de la hacienda Macanillas (Curimagua, Edo. Falcón), entre los que se encontraba José Caridad González, un negro congolés muy informado de las ideas de la Revolución francesa.
Todo esto le sirvió a Chirino para encabezar el 10 de mayo de 1795 un movimiento armado desde la mencionada hacienda. Tras el fracaso de esta insurrección, Chirino fue perseguido y hecho preso por traición de un amigo en agosto del mismo año, la Real Audiencia lo condenó a la horca el 10 de diciembre de 1796.

La Insurrección

Distintas causas dieron origen a este movimiento. La variable condición en que se encontraban los negros, que eran unos libres y otros esclavos; la de los indios, que eran respecto a los tributos, unos exentos y otros demorados (la demora era la obligación de trabajar en las minas 8 meses al año). En el trato de los unos con los otros, tanto los negros esclavos como los indios demorados, se daban cuenta de lo injusto de su situación. Así estaban las cosas cuando circuló el rumor de que el Rey de España había acordado la libertad de los esclavos; se decía que la cédula que esto ordenaba habría llegado a Venezuela, pero las autoridades coloniales y especialmente el Cabildo de Caracas se oponían a darle cumplimiento, por ser atentatoria a los derechos de los propietarios. Este rumor fue dispersado desde 1770 por un africano conocido como Cocofio. Después de su muerte en 1792, esta constante insistencia sobre la libertad de los esclavizados fue retomada y reactivada por los cimarrones africanos procedentes de las colonias holandesas, francesas e inglesas. Varios centenares de estos cimarrones que se fugaron de las colonias extranjeras se refugiaron en la región de Coro, donde existían diferentes vías que abrían el paso a los esclavizados africanos insulares que se liberaron.
La idea de implantar lo que entonces era conocida como "La Ley de los Franceses", que no es otra cosa que la República, el legado fundamental de la Revolución francesa, va ganando adeptos entre los negros esclavos y libres, zambos, indios y mestizos. Pero el detonante decisivo de las convulsiones de 1795 es de orden más pragmático, más doméstico. Por esos días ejerce funciones de recaudador de rentas Juan Manuel Iturbe a quien suele pasársele la mano a la hora del rigor y los castigos, y es contra esa situación en particular, que humilla y enardece a los labradores, que Chirino se levanta en armas. La otra figura descollante de la rebelión es el negro José Caridad González, un hombre culto y defensor de los derechos de los esclavos, que alguna vez ganó un litigio a favor de los suyos, y esto lo ha convertido en una especie de adalid ilustrado.

Estalla la Insurrección

El 10 de mayo de 1795 el movimiento se gesta y comienza a expandirse en la mencionada hacienda de Macanillas, cerca de Curimagua; los alzados buscan tomar algunas propiedades de la zona, con la idea de incorporar hombres a la revuelta antes de llegar a Coro, como lo hacen en efecto bajo el mando de un Juan Cristóbal Acosta, pues Chirino se queda para organizar otro grupo.
Los insurgentes proclamaron abiertamente sus objetivos:
  1. La aplicación de la “Ley Francesa”, significando el establecimiento de una república democrática.
  2. La libertad de los africanos esclavizados y la abolición de la esclavitud.
  3. La supresión de tributos pagados por los indígenas (demora) y los impuestos como la “alcabala”
  4. La eliminación de la aristocracia blanca.
El dominio ejercido por la sociedad criolla en las regiones tomadas por los alzados entra en crisis; en las haciendas que caen en poder de estos se impone la supresión de la esclavitud, la eliminación de los privilegios y de los impuestos de alcabala.
La idea inicial de llegar a Coro sufre un primer contratiempo luego de los éxitos iniciales, ya que los alzados deciden permanecer en las zonas tomadas. En el entretiempo, la sociedad criolla tiene oportunidad de organizarse y de conseguir refuerzos, enteradas las autoridades de que las armas que en el llano, al sur de Coro, tomaron posiciones; llevaban, además de otras armas de fuego, 2 cañones pedreros. Cuando los negros acometieron desordenadamente, sus columnas fueron destrozadas. En la corta refriega murieron 25 negros y quedaron 24 heridos.

Consecuencias

Este movimiento, de hondas raíces sociales, llamó la atención de las autoridades coloniales sobre las diferencias existentes y las injusticias, particularmente en lo tocante al cobro de impuestos a las clases humildes. Aunque fracasó, no fue estéril, porque a la postre se redujeron los impuestos y se cobraron con sentido más humano. Además esta insurrección es considerada como el primer movimiento pre independentista de Venezuela, que abrió el paso para los movimientos de José María España y Manuel Gual, Francisco de Miranda y hasta para el de Simón Bolívar. Además que fue encarcelado y maltratado hasta ser condenado a pena de muerte.

Ejecución de Chirino

José Leonardo Chirino quien no llegó a tiempo para participar en el combate, al saber la derrota se internó en la serranía, trata de reorganizarse. Escribe al cacique y a los indios de Pecaya, pidiéndoles incorporación a la lucha y prometiéndoles que no pagarían demora, esto es, un tributo especial de los indígenas y que ahora se les cobraba en dinero efectivo. Pero, tres meses después la traición de un antiguo compañero facilita su captura y traslado hacia Caracas, donde la Real Audiencia lo condena a muerte por delito de subversión. Se le condena "a muerte de horca que se ejecutará en la plaza principal de esta capital adonde será arrastrado desde la Cárcel Real, y verificada su muerte, se le cortará la cabeza y las manos y se pondrá aquella en una jaula de fierro sobre un palo de veinte pies de largo en el camino que sale de esta misma ciudad para Coro y para los Valles de Aragua, y las manos serán remitidas a esa misma ciudad de Coro para que una de ellas se clave en un palo de la propia altura y se fije en la inmediación de la aduana llamada de Caujarao, camino de Curimagua, y la otra en los propios términos en la altura de la sierra."
Su hija Viviana fue vendida por 200 pesos y a sus dos hijos los vendieron por 120 y 150 pesos respectivamente. Y como última medida se incluye en el escudo de la ciudad de Coro las tres cabezas degolladas y sangrantes de José Leonardo y sus lugartenientes, como pública advertencia a quienes tuvieran pensado levantarse contra Dios y el Rey.
La condena es realizada conforme a la tradición colonial y en concordancia con los agravios infligidos por el alzado a los sectores dominantes. El 10 de diciembre de 1796, Chirino es inmolado en la horca, en plaza pública y su cuerpo fue descuartizado y colocadas sus partes en distintos lugares.

Conmemoración


El movimiento encabezado por Chirino y José Caridad González, fue una insurrección que impactó política, social y económicamente a la sociedad colonial venezolana. Con el objeto de cumplirse en 1995, 200 años de la rebelión liderada por Chirino, el Ejecutivo Nacional, el Congreso de la República y diversas instituciones culturales del país, acordaron homenajear al luchador social. Entre los actos conmemorativos, se develó una placa en el Panteón Nacional, el 10 de mayo de 1995, con lo cual quedó reconocida oficialmente su presencia al lado de los otros próceres venezolanos.

La Conspiración de Manuel Gual y José María España

Movimiento revolucionario organizado en La Guaira y Caracas en 1797, por Manuel Gual y José María España; puede ser considerado como uno de los antecedentes más cercanos de los sucesos del 19 de abril de 1810. En relación a sus máximos dirigentes, tenemos que el primero, guaireño, era militar retirado (capitán), hijo de un oficial que unos 50 años antes había defendido al puerto de La Guaira contra los ataques navales de los ingleses. El segundo desempeñaba el cargo de teniente de justicia de Macuto. En términos generales, se trató de un proyecto revolucionario igualitario, republicano y democrático, con proyección hacia el resto del continente. En la conjura participaron individuos de todas las clases sociales, exceptuando a los mantuanos. En tal sentido figuraron entre los conjurados comerciantes como Manuel Montesinos Rico; los abogados criollos Nicolás Ascanio y Luis Tomás Peraza; los ingenieros militares Patricio Ronán y Juan Lartigue de Condé (francés al servicio de la monarquía española); funcionarios de la Real Hacienda como Joaquín Sorondo, Juan José Mendiri, Martín Goinaga; y el párroco de La Guaira, Juan Agustín González. También formaron parte de la conspiración abogados y letrados, así como muchos artesanos, es decir: albañiles, zapateros, herreros; muchos sargentos, cabos y soldados, unos pardos y algunos blancos. En síntesis, se trataba de una rebelión de gente de lo que podía ser considerado como un sector medio, que pretendía hacer de la provincia de Venezuela una república democrática independiente.
En la conspiración de Gual y España desempeñaron un importante papel varios revolucionarios españoles que encabezados por el educador y escritor Juan Bautista Picornell, habían pertenecido a una logia masónica madrileña que había organizado en la capital de España un golpe de Estado que tenía como propósito derrocar el régimen monárquico e instaurar una República al estilo de la francesa. Este movimiento en el que también estaban implicados el profesor de matemáticas Sebastián Andrés y el de humanidades José Lax, así como el miembro del Real Colegio de Pajes, Manuel Cortés Campomanes, debía estallar el 3 de febrero de 1796, día de San Blas. Pero los mismos fueron delatados antes de lograr su objetivo siendo apresados, juzgados y condenados a muerte, pena que les fue conmutada por la del encierro en predios de América, gracias a la intervención del embajador de Francia. En diciembre de 1796 y a comienzos de 1797, los 4 conspiradores europeos fueron llegando al puerto de La Guaira, donde se les encerró en las bóvedas. Al poco tiempo Picornell y sus compañeros entraron en contacto con Gual y España, reforzando sus ideas revolucionarias. El movimiento que tuvo su foco en La Guaira desde donde se extendió rápidamente a Caracas; contó con un conjunto de documentos teóricos e instrucciones de carácter organizativo práctico. Inclusive se previeron cantos revolucionarios como la Carmañola americana, inspirada en su homónima francesa, y una canción americana surgida de la propia entraña del medio social, aunque con influencia de La Marsellesa.
Entre los meses de abril y junio de 1797 se realizaron diversas reuniones de los conjurados, en casa de España, en la de Ronán, en la de Mendiri. Gual quien no vivía en La Guaira, sino en Santa Lucía, asistía también a dichos encuentros, alojándose en casa del ingeniero Ronán. En una de las reuniones celebradas en casa de España, éste exhortó a los presentes a derramar su sangre por la patria si fuese preciso, a la vez que recibía su juramento de fidelidad y les exhortaba a guardar secreto. Los conspiradores se llamaban entre sí "hermanos", expresión que funcionaba además como santo y seña para reconocerse. Asimismo, como símbolo de su movimiento crearon una escarapela de 4 colores (blanco, azul, amarillo y rojo), el cual representaba las 4 etnias que participaban en él: blancos, pardos, indios y negros. La primera acción llevada a cabo por los conspiradores fue la de organizar la fuga de los presos españoles que se encontraban en las bóvedas del puerto de La Guaira, hecho que se efectuó el 4 de junio, con la complicidad de los carceleros. No obstante, vale la pena señalar que para ese momento sólo existían 3 prisioneros, pues José Lax había sido trasladado poco antes a Puerto Cabello. En cuanto a Sebastián Andrés, después de fugarse, subió a Caracas, donde fue arrestado el día siguiente. Por su parte, Picornell y Cortés Campomanes se escondieron en un lugar llamado La Vigía de Chacón, cuyo vigilante, un soldado pardo, los protegió hasta el 16 de junio, cuando pudieron salir hacia la casa de España en Macuto; desde donde se arreglaría su salida a Curazao el 26 de junio. De Curazao, Picornell y Cortés pasaron a la isla de Guadalupe, colonia francesa. Desde allí o en la ciudad de Santo Domingo (que en esta época estaba también dominada por los franceses), Picornell hizo imprimir numerosos ejemplares de La Canción Americana, cuyo estribillo decía: "... Viva tan solo el Pueblo/ el Pueblo Soberano. / Mueran los opresores, / Mueran sus partidarios.... “y más de 2.000 del folleto titulado Derechos del hombre y del ciudadano, con máximas republicanas y un discurso preliminar dirigido a los americanos, con el pie de imprenta apócrifo "Madrid, en la imprenta de la Verdad, 1797". Luego de esto, se dedicó a promover su introducción clandestina en Tierra Firme.
Mientras tanto en La Guaira la conspiración seguía su curso. En tal sentido, el movimiento fue fijado para el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen. El comerciante Manuel Montesinos Rico, quien vivía en Caracas, había recibido de Gual el encargo de promover la conspiración en la capital. El 11 de julio, Montesinos intentó captar para el movimiento al oficial de Milicias de Pardos, insinuándole que facilitara a los conjurados el acceso a la armería del cuartel el día 16. No obstante, Chirinos no se dejó convencer y habló con varios compañeros y luego con el capellán de su batallón y éste con uno de los párrocos de la catedral, porque la noticia finalmente llegó a oídos del gobernador y capitán general Pedro Carbonell ya avanzada la tarde del día 13. El primero de los conjurados en ser arrestado fue Montesinos Rico, en cuya casa fueron encontrados documentos revolucionarios, algunos escritos por él y otros por Picornell. Entre estos manuscritos se encontraban las Ordenanzas, las cuales comenzaban de la siguiente manera: "... En el nombre de la Santísima Trinidad y de Jesús, María y José, amén...", a lo que seguían 44 artículos en los que se establecían las bases del nuevo gobierno revolucionario, declarando que el movimiento era hijo de "la razón, de la justicia y de la virtud", que la esclavitud quedaba abolida y que los 4 fundamentos de los derechos del hombre eran "igualdad, libertad, propiedad y seguridad". Gual enterado de la captura de Montesinos, bajó a La Guaira en la noche del día 14 con la intención de adelantar el estallido del movimiento. Sin embargo, al desistir Ronán de su participación en la conspiración, Gual y España decidieron partir rumbo a las Antillas. El objetivo de los conjurados, luego de haberse apoderado de La Guaira y Caracas, era enviar comisionados a las capitales de las provincias de la capitanía general y a otras poblaciones importantes, con una copia de las Ordenanzas y una circular dirigida a las autoridades de cada lugar en las que se les conminaba a sumarse al movimiento.
La reacción de las autoridades españolas ante el movimiento conspirativo no se hizo esperar, siendo detenidas numerosas personas tanto en La Guaira como en Caracas. Por la captura de Gual y España quienes recorrieron Curazao, Guadalupe, Martinica, Saint Thomas, Saint Croix y Trinidad, se ofrecían 500 pesos de recompensa, y en caso de presentar resistencia la cantidad aumentaba a 10.000 pesos por Gual (que era militar) y de 5.000 pesos por España. A pesar de la recompensa que se ofrecía por su captura, España desembarcó disfrazado de marinero en el puerto de La Guaira a fines de enero de 1799, logrando llegar a su casa de Macuto donde pudo esconderse. Allí permaneció unos 3 meses hasta que decidió iniciar una rebelión contra el nuevo gobierno en Caracas de Manuel Guevara Vasconcelos. Denunciado por uno de sus esclavos, España fue arrestada y conducida a la capital a fines de abril. Juzgado sumariamente, fue condenado a muerte el 6 de mayo y ejecutado el 8, en la plaza Mayor de Caracas (actual plaza Bolívar). Otros conspiradores ejecutados fueron el soldado Manuel Pino y el cabo Agustín Serrano en Caracas y el sargento José Ruiseñol, el artillero José Narciso del Valle y el albañil Juan Moreno en La Guaira. Manuel Gual permaneció en la isla de Trinidad, desde donde se comunicó con el Precursor Francisco de Miranda, quien estaba en Londres. En mayo de 1799 Gual publicó una Alocución dirigida a sus compatriotas, excitándoles a seguir combatiendo por la independencia. El 25 de octubre de 1800 murió en San José de Oruña (Trinidad), probablemente envenenado por un espía. Picornell y Cortés Campomanes sobrevivieron.
Aunque la Conspiración de Gual y España fracasó como movimiento revolucionario en julio de 1797 y se extinguió definitivamente con la muerte de sus principales líderes José María España en 1799 y Manuel Gual en 1800, los textos que se difundieron durante la misma tuvieron una considerable influencia en el movimiento emancipador de Hispanoamérica. El documento más importante que emanó de la Conspiración de Gual y España fue el de los Derechos del hombre y del ciudadano con varias máximas republicanas y un discurso preliminar dedicado a los americanos, el cual contenía como parte central el texto de los Derechos del hombre y del ciudadano, traducidos de la declaración francesa que precedió al acta constitucional del 24 de junio de 1793. En definitiva, analizando los documentos relacionados con el movimiento conspirativo de Gual y España, se puede concluir que esta conjura es la de mayor contenido teórico, la más orgánica y completa, con perfecta definición de ideario y fines, de todos los movimientos precursores de la independencia de la América meridional.

Las Invasiones de Miranda
Libertador de la América Latina


Desde la edad media, los Miranda se habían distinguido en España por hechos de armas. El abuelo de Francisco se había instalado en las Canarias. Es ahí que nació Sebastián de Miranda, el padre de Francisco, quien emigra a continuación a Venezuela.
Don Sebastián esposó a Doña Francisca Antonia Rodríguez Espinoza quien le dio su primer hijo el 28 de marzo de 1750: Francisco.
La familia Miranda era de una de las más reconocidas de Caracas. Era rica y de buen origen. Don Sebastián de Miranda era a la vez comerciante y capitán de Su Majestad. Pero los aristócratas criollos no podían soportar que un metropolitano pudiese tener más poder que los descendientes de los conquistadores establecidos en América desde más de dos siglos. Tanto que obtuvieron del Capitán General de Venezuela su destitución.
El joven Francisco vivía una existencia feliz. Aprendió el latín e hizo sus estudios en la Universidad Real de Caracas. En 1771, tenía 21 años y se embarcó con destino a España. Tenía en el bolsillo los pergaminos que le permitirían entrar en la Corte.
Cuando Francisco llegó a Cádiz, se emocionó de poner el pie en el suelo de la Madre Patria, el país que diera nacimiento a Juan de Miranda, héroe de la batalla de Lepanto. Mortificado por la actitud de los criollos de Venezuela, Francisco quería hacer valer sus títulos de nobleza en Madrid.
En la capital, Francisco siguió cursos de matemáticas, lenguas vivas y artes militares. Al mismo tiempo frecuentó salones mundanos de la capital.
Dos años después de su llegada a Madrid, compró un cargo de Capitán y, al servicio de España, tomó parte en el conflicto contra Marruecos. Miranda dio prueba de ingenio, pero su indisciplina con sus superiores lo condujo a la prisión de Cádiz. Sin embargo, a los 25 años, sus jefes vieron en él a un militar de excepción. 
 
De regreso a América.


El Imperio Británico de América tenía graves problemas. Los colonos insurrectos tenían la ventaja. Francia, que quería fortalecer su poder, declaró la guerra a Inglaterra y decidió ayudar a los insurgentes. Por el juego de familias, Francia arrastró en esta guerra a España.
Francisco Miranda embarcó a Cádiz con el cuerpo expedicionario encargado de atacar las posesiones británicas en América. Miranda brilló por sus hechos de armas y se elevó al grado de lugarteniente-coronel a los 32 años.
Sin embargo, y aunque él estaba al servicio de España, Francisco Miranda admiraba a los insurgentes ingleses que venían de obtener su independencia, y su corazón latía más por Venezuela que por la Madre Patria. Por otra parte, no cesaban de remarcarle su inferioridad en razón de su origen venezolano y él sufría.
Apostado en La Habana, Miranda se aburría. El 1 de junio de 1783, se embarcó en un navío americano para Carolina del Norte. Nueve días más tarde pisa el suelo de la América libre. Sobre territorio americano, Miranda dejó libre curso a su anglofilia. Fue muy bien recibido. En Filadelfia hizo numerosos amigos: el caballero de la Luzerne, ministro de Francia; Francisco Rendón, embajador de España; el general Mifflin, presidente del Congreso. Después Francisco Miranda fue presentado al general Washington por quien reconoció una gran admiración.
En el mes de enero de 1784, visitó New York y se entrevistó con las más altas personalidades de los Estados Unidos. Miranda les hizo parte de su entusiasmo por la República, pero criticó su asamblea y su "dependencia" económica respecto de Inglaterra. Hizo contactos con los estados-mayores políticos y militares intentando saber qué armamento podrían proveer los Estados Unidos a las colonias españolas. Sin respuestas precisas, Miranda decidió dejar los Estados Unidos y volvió a Europa.

La "gira" europea de Miranda. 
 
Siempre lugarteniente-coronel al servicio de España, Miranda decidió ir a Londres. El rey Carlos III, quien comprendió que Miranda conspiraba contra España, lo hizo vigilar. Entonces éste último descubrió su juego y envió su renuncia a Madrid. Miranda emprendió entonces un viaje que parecía más diplomático que turístico.
En Postdam, Francisco Miranda fue presentado al rey Federico de Prusia a quien causó una gran impresión. En Berlín encontró a La Fayette, pero los dos hombres no se entendieron. En Hungría, simpatizó con Haydn y el príncipe Esterhazy. En Viena visitó al emperador José II. Después recorrió Italia y Grecia donde caerá bajo el encanto del arte de estos países. Por fin, su periplo lo llevó a Constantinopla donde hizo numerosos contactos.
Miranda decidió a continuación ir a Kiev. En el palacio imperial, fue presentado a la gran Catalina, emperatriz de todas las Rusias. Al cabo de algunas semanas, una gran simpatía se instauró entre los dos personajes y Francisco devino más familiar con la emperatriz.
En la Corte, Miranda hizo nuevos amigos: El conde de Ségur, ministro de Francia, el conde de Dillon, el coronel prusiano de Anhalt y el conde Dimitri Mamonoff, amante titular de la emperatriz, y el rey de Polonia. Los generales y mariscales buscaban la compañía de Miranda para conocer sus opiniones sobre el arte de la guerra. Las duquesas lo interrogaban sobre el amor. Pero era con Catalina, mujer de letras educada a la "francesa", con quien Francisco Miranda se entrevistaba más.
Después dejó Kiev y se fue a Moscú en compañía del príncipe Potemkine. Allá frecuentó una gran parte de la aristocracia moscovita. Frecuentó los salones, pero también tuvo acceso a los archivos más secretos. Miranda estudió los tratados comerciales y políticos que pudo encontrar.
El encargado de asuntos de España se ofuscó por la presencia de Miranda en los medios oficiales rusos, un hombre que se juzgaba como desertor. Los lazos familiares entre las coronas de España, de Francia y de Rusia debían conducir a apartar a Miranda de la Corte. Pero la emperatriz lo protegió e hizo callar a sus detractores.
Mientras tanto, Miranda, que tenía 35 años, decidió proseguir su viaje y se embarcó para Suecia. En Estocolmo, fue el huésped del embajador de Rusia y encontró a Gustavo III. A continuación, Miranda tomó ruta hacia Noruega y llegó a Dinamarca en 1787. Pero en la prensa danesa se lo acusó de ser un espía de la emperatriz de Rusia. Se habló de extradición a España. Pero el rey de Dinamarca le aseguró su apoyo.
Francisco Miranda se aburría en la Corte de Dinamarca. Decidió ir a Alemania. Viendo el canal que comunicaba el Báltico al mar del Norte, imaginó la posibilidad de abrir uno en Panamá que uniera el Atlántico y el Pacífico. Viajó después a Bélgica y Suiza, y el 24 de mayo de 1789 Francisco Miranda llegó a París.

Miranda, General francés. 
 
Miranda se sentía mal en la capital francesa. La policía lo vigilaba por orden del rey Carlos IV de España. El 18 de junio estaba en Londres donde permanecería 3 años. Es ahí donde Miranda iba a establecer de manera precisa su plan de liberación de la América española.
William Pitt estaba al poder y recibió favorablemente el proyecto de Miranda. Pero la convención de Notka puso fin a las tensiones entre España e Inglaterra y William Pitt no pudo dar curso a este proyecto.
En marzo de 1792, Miranda regresó a París. En poco tiempo tenía ya sus entradas en los salones revolucionarios de la capital.
El 10 de agosto de 1792, la revolución francesa estaba en peligro. Charles François Dumouriez, general en jefe de la Armada del Norte, fue enviado a la Lorena (Lorraine) para obstruir la ruta a los federados que amenazaban destruir la capital.
El 28 de agosto, se ofreció a Miranda el rango de general de brigada en la armada de Dumouriez. El 11 de septiembre se reunió con la Armada del Norte en Argonne. En Valmy, el genio militar de Miranda permitió a Dumouriez vencer a las tropas de Brunswick. Francia estaba salvada de la invasión. Francisco Miranda fue elevado al grado de Lugarteniente General.
La América española era uno de los objetivos de la revolución francesa. Los Girondinos conocían los planes de Miranda y le propusieron una intervención en Santo Domingo. Pero el venezolano la rechazó y prosiguió sus hazañas militares al lado de Dumouriez.
El 21 de enero de 1793, la cabeza de Luis XVI cayó bajo la guillotina. Las monarquías europeas se ofuscaron y se reunieron en el campo de Austria y de Prusia. Dumouriez quería jugar los primeros roles en París pero Miranda no le acordó su apoyo. En la víspera de la batalla de Neerwinden Dumouriez intentó desacreditar al general venezolano confiándole el comando del ala izquierda de su armada, mientras que sabía que el enemigo sería mucho más fuerte.
La derrota era inevitable y tendría consecuencias desastrosas. Las fuerzas francesas debieron evacuar Bélgica. Pero Miranda no fue acusado de este revés porque poseía órdenes escritas por Dumouriez. Delante del Tribunal revolucionario, Miranda demostró que no era en nada responsable de la derrota de Neerwinden.
Pero Francisco Miranda pasaría un cuarto de su estancia en Francia en prisión. Durante el Terror, sus amigos fueron guillotinados. Robespierre subió al cadalso, seguido de Fouquier-Tinville. Miranda esperaba su turno. Pero en enero de 1795, los Girondinos retomaron el poder y Miranda fue liberado.
En el mes de julio, Francisco Miranda reanudó con Bonaparte relaciones comenzadas en los salones de Julie Telma. Ambos soñaban una misma república, la de Platón, corregida y adaptada por Roma. Pero así como Bonaparte iba rápidamente a trepar escalones, se intentó separar a Miranda de la escena política. Se lo acusaba de todos los complots y en 1798 tomó un barco danés en Calais y se refugió en Inglaterra.
En Londres era esperado por William Pitt, feliz de recibir noticias frescas sobre los preparativos de Bonaparte para invadir Inglaterra. Pero Miranda prefirió hablar de las colonias españolas de América. Qué importaba! William Pitt quería servirse de Miranda para alcanzar Francia, y la independencia sudamericana, un medio para lograrlo.
En 1802, Bonaparte fue nombrado Cónsul de por vida. William Pitt abandonó el poder y Francisco Miranda se encontraba frente a un nuevo primer ministro, Sir Henry Addington.
Bonaparte facilitó la vuelta a Francia de su antiguo camarada político, pero rápidamente lo abandonó entre las garras de Fouché. Una vez más, Miranda se encontraba en prisión. Se lo acusaba de haber fomentado un atentado contra Bonaparte mismo. Pero sus relaciones le permitieron salir. Con un pasaporte para Holanda, Francisco Miranda dio la espalda definitivamente a Francia.

El plan de invasión de Miranda 
 
Convencido de que Francia no lo ayudaría jamás en su proyecto, se volvió resueltamente hacia Inglaterra. Entre 1802 y 1805 puso a punto el plan de la expedición militar y los principios de la futura Constitución. Una federación en la cual el poder ejecutivo estaría en manos de dos "Incas", análogos a los cónsules romanos. La capital se llamaría Colón y estaría situada en el centro del istmo de Panamá. La República colombiana se inspiraría en los principios romanos, las costumbres indias y ciertas reglas del Derecho español. Así el orden ocupaba un gran lugar en su constitución. Asqueado por revoluciones ciegas y regímenes improvisados, Miranda no quería dejar nada librado al azar.
Pero para fundar la Gran Colombia había que hacer la guerra. Desde hacía mucho tiempo el plan de invasión de Miranda estaba trazado. Tanto al nivel militar como a nivel político todo estaba minuciosamente calculado. Pero el apoyo de los ingleses al proyecto de Miranda variaba en función del desarrollo de la política franco-británica.
Al momento en que Bonaparte devenía Napoléon, Francisco Miranda esposó a Sarah Andrews y redactó su testamento. Exasperado por la impasibilidad de los ingleses, el venezolano comprendió que no había nada que esperar del gobierno de Su Majestad. Él debía prescindir de su apoyo. Miranda recibió mientras tanto subsidios financieros de parte de banqueros y se embarcó para New York.
En los Estados Unidos, sus viejos amigos lo recibieron calurosamente y lo pusieron en contacto con el presidente Jefferson. Pero no obtuvo las finanzas descontadas y no pudo conseguir más que un solo navío, el Leander, para su empresa. El material de guerra era bastante importante: 18 cañones, 5000 picas, 300 pares de pistolas, 50 carabinas, 1500 fusiles, 2000 espadas, pólvora y balas. La tripulación comprendía 192 hombres reclutados en los suburbios de New York.
Esto parece bien poco, pero Miranda tenía confianza. En la rada de Jacmel, Haití, abajo en los pergaminos, él firmaba: " Don Francisco de Miranda, Comandante supremo de la Armada Colombiana."
El 12 de marzo de 1806 fue un gran día: Marcó la primera fecha de la Colombia, inventada por Miranda, fundada por Bolívar, y que sería la de América del Sur. La bandera azul, amarilla y roja diseñada por Miranda flotaba sobre el palo mayor del navío.
Pero en Jacmel, el buque de guerra que le habían prometido no acudió a la cita. Los refuerzos venidos de las Antillas británicas no vendrían más. Pero Miranda no quería esperar más. El 27 de marzo dejó Jacmel escoltado por dos pequeñas goletas.
El 27 de abril, a lo largo de Puerto Cabello dos barcos extraños fueron señalados. Eran dos navíos españoles: el Argos y la Celosa. Al día siguiente, los buques españoles entablaron el combate. Rápidamente las goletas fueron vencidas y Miranda debió alejarse con el Leander. Los prisioneros de las tripulaciones vencidas fueron azotados, ciertos decapitados y se le puso precio a la cabeza de Miranda: treinta mil dólares.
Después de haber hecho un descanso algún tiempo en las Barbados, Miranda desembarcó en Trinidad. Quería siempre invadir la Tierra Firme. Miranda intentó una vez más convencer a los ingleses a cambio de arreglos comerciales.
El 25 de julio, la flota era esta vez más imponente: El Leander, dos navíos mercantes y siete navíos de la marina inglesa levaron anclas en Trinidad.
El 3 de agosto, una primera división logró desembarcar en La Vela de Coro. Los españoles huyeron, sorprendidos por lo repentino de las operaciones. Llegado a La Vela de Coro, el primer gesto de Miranda fue de izar los colores de la Colombia sobre los monumentos públicos.
Pero Francisco Miranda no encontró el apoyo esperado entre la población. Los postigos estaban cerrados, los hombres se habían unido a la armada española y las mujeres se escondían mirando con desprecio a ese venezolano expatriado a la cabeza de unos mercenarios que no hablaban español. Sólo algunos indios armados de arcos y flechas parecían querer seguir a Miranda en su empresa.
El 13 de agosto, frente a la amenaza del acercamiento de tropas españolas, Miranda decidió evacuar La Vela de Coro y volvió a Trinidad. El resultado era amargo: Muchos hombres habían sido matados, el Leander estaba en piezas y Miranda cubierto de deudas.

El Triunfo y el Fracaso. 
 
En 1810, los franceses y los ingleses se enfrentaban sobre territorio español. El deterioro del poder central animó la rebelión de las colonias. El Cabildo de Caracas se proclamó Junta Ejecutiva. En seguida, todas las colonias españolas hicieron lo mismo. Sin embargo, no se trataba de romper con la Madre Patria sino de salvaguardar los derechos del Rey Fernando VII, prisionero en Bayona por Napoléon. Uno de los embajadores de la Junta de Caracas iba a destacarse. Se trataba del joven Simón Bolívar.
Después de un año de residencia en Trinidad, Miranda había vuelto a Londres y sus ideas de revuelta agradaron a los amigos de la libertad. Miranda fundó y publicó un diario, el colombiano, que difundía en todas las colonias españolas su mensaje de independencia y liberación de la América del Sur. Ideas que comenzaron a despertar a los adormecidos criollos.
La junta de Caracas decidió entonces elegir por jefe a quien encarnaba desde hacía 30 años la lucha por la libertad. Miranda regresó entonces a Caracas en 1810 donde recibió, al lado de Bolívar, los homenajes del pueblo venezolano.
Al mismo tiempo, en Buenos Aires, Bogotá, Santiago de Chile, México, juntas independentistas se constituyeron. El Imperio español se desmoronaba por todas partes.
A los sesenta años, Miranda intentó probar que no había perdido nada de sus virtudes militares y obtuvo una brillante victoria contra las tropas realistas reunidas en Valencia. Seis meses más tarde, la Constitución que había imaginado Miranda era votada. La bandera que había sido izada en el palo del Leander era adoptada como emblema nacional.
Después de haber tenido todos los poderes, Miranda se encontraba simple diputado. Pero se sometió al juego democrático y forzó la admiración por su desinterés. Aunque no permaneció mucho tiempo en la sombra. Vice-presidente del Congreso, se dedicó a hacer aplicar la Constitución: Prohibición de la trata de negros, abolición de privilegios, etc.…
Pero los realistas no se reconocían vencidos. Dirigidos por Monteverde, decidieron marchar de nuevo sobre Caracas cuando, el jueves santo de 1812, un temblor de tierra asoló la capital y una gran parte del país. Desorganizadas, las tropas republicanas no lograron contener a los realistas que habían aprovechado la ocasión. Una vez más, se dio confianza a Miranda nombrándolo general en jefe y atribuyéndole todos los poderes.
Miranda confió a Bolívar la defensa de Puerto Cabello, última muralla antes de Caracas. Pero Miranda no llegó a motivar a una población aterrorizada, y subordinados indisciplinados.
Ante el asombro de todos, Bolívar abandonó el lugar a los españoles sin oponer resistencia. El 29 de julio, los realistas penetraron en Caracas y Miranda se aprestó a salir en exilio a bordo de un navío inglés.
Los republicanos cargaban sus cosas sobre el puente del navío mientras que Simón Bolívar insultaba a lo lejos a Francisco Miranda, reprochándole su capitulación. El 31 de julio de 1812, al alba, golpearon a la puerta de la casa donde Miranda quería pasar su última noche sobre suelo venezolano. Bolívar y varios conjurados habían venido para aprisionarlo y dejarlo a los españoles.
Encerrado algún tiempo en un fuerte de Puerto Cabello, Francisco Miranda fue transferido a Puerto Rico, después a Cádiz donde fue encarcelado en el Castillo de las Siete Torres.
Monteverde fue nombrado capitán general de Venezuela, y Bolívar pudo dejar el país gracias al pasaporte expedido por los españoles.
España por fin recuperó su presa. Miranda intentó aún escapar a su suerte. Contactó a sus amigos de Londres pero sus carceleros hacían buena guardia. Después su salud se alteró; cayó enfermo de escorbuto... El 25 de marzo de 1816, Francisco Miranda fue afectado de una congestión cerebral. Se le transportó al hospital, pero su estado se agravó.
El 14 de julio de 1816, a la una y cinco de la mañana, el "precursor" de la independencia sudamericana daba su último suspiro. Bonaparte diría de él: " Es un Don Quijote, con la diferencia de que no está loco… él tiene fuego sagrado en el alma."

Gianny Gerardo
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1201N

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